La otra vez, charlando con un amigo, me comentó que había podido conseguir una licencia falsa para faltar al trabajo por tiempo casi indefinido. Todo esto lo hacía porque él entendía que sus superiores no lo trataban correctamente. De alguna manera, me estaba diciendo que su acto era correcto, que su accionar estaba justificado.
Por otro lado, otro amigo me comentó que muchas veces actuaba de una manera “incorrecta” (claramente él esquivaba usar esta palabra) debido a que había tenido una infancia difícil, por lo tanto, siempre iba a ser así. En otras palabras, me estaba diciendo que sus acciones estaban justificadas, ya que él era de determinada manera debido a un pasado que no pudo elegir.
Era muy interesante la postura de ambos, pero al final, lo que decían era una forma de evadir la responsabilidad del mal que habían hecho. Y si en lo más mínimo podían admitir que su acto no era del todo bueno, entonces la culpa la tenía otro (los jefes o el pasado, en este caso).
Para crecer en nuestra fe, debemos hacernos cargo de las cosas malas que hacemos, no culpar a los demás, como en su momento Adán culpo a Eva (Genesis 3:12). Debemos entender que hay maldad dentro de nosotros (Marcos 7:15), ya que, si somos incapaces de ver nuestra maldad, ¿cómo vamos a crecer espiritualmente?